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Rosa María abandonó todas sus metas personales y profesionales durante la traducción y prácticamente se retiró del mundo para concentrarse en la tarea que tenía ante sí y en llevar una vida de recogimiento y meditación. Para poder traducir el Curso, Rosa María tuvo que reflexionar sobre cada una de sus frases. Y para entenderlas tuvo que poner en práctica consistentemente los principios del Curso en su propia vida. Durante ese tiempo leyó el Curso más de ochenta veces, convirtiéndose así en una de las pocas personas en todo el mundo que con más detalle ha estudiado y practicado el Curso.
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